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  • Uñírica

    Salían

    como si nunca unidas

    hubiesen estado

    Secas

    huellas de sangre

    amoratadas

    Duras

    huellas de tiempo

    necrosadas

    Uñas o recuerdos

    a estas alturas

    qué era qué

    y qué importaba

  • Pero habla

    Habla

    no te muerdas los labios

    Habla

    pasa los tragos amargos

    Dime que has soñado con nosotras

    que nos ve amanecer el tiempo

    acariciando nuestros cuerpos

    como antes, comos siempre, como nunca

    Dime que llevas el día pensando

    en los bordes de mis labios

    lamerlos, besarlos

    Dime adonde se encausa

    tu deseo

    la floresta de tu pecho

    tu sexo suculento

    Pero habla

    por más que no tomes el vuelo

    aun sin poner fecha al encuentro

    habla

    que te espero

  • Al final de octubre

    Sólo tu mirada

    semilla infinita

    puebla mis recuerdos

    Sólo tus labios

    plántula suave

    enervan mis momentos

    Sólo tu sonrisa

    tallo alegre

    apacigua mis miedos

    Sólo tu voz

    cerezo primaveral

    entona mis anhelos

    Sólo tu cuerpa

    universa inagotable

    trasciende mis destiempos

  • Hay un capítulo en el libro que se llama «La puerta»

    Ella entra, sonríe y deja caer la pesadez de la calle, da unos pasitos discretos por el pasillo que conecta todo este espacio, se descalza, pone la tetera y se despeina un poco. Es una especie de ritual de final del día. Mira a la ventana, quizá espera a que llegue la nieve de este año o quizá lo que espera es la vuelta al hogar, se pierde un rato en el horizonte hasta que el pitido le anuncia que el agua está lista.

    Se sienta en el sillón rojo y usa la taza como calefactor de manos, no tiene televisión, se rehúsa a enajenarse de ese modo, prefiere imaginar una pintura, alguna una obra que seguramente al cabo de unos días comenzará a materializar.

    La interrumpo con una llamada, yo, que he imaginado su final del día, le hablo a la distancia sobre los horarios cambiantes, ni siquiera sé la hora por allá, menos mal que no la desperté, le cuento sobre mi suspicacia en el mercado, mi espinaca brotando en las macetas, la hidropónica, mis sueños donde la miro y ella me besa el cuello. Hay segundos en los que pienso que en realidad no hablo con nadie, ¿descolgué el teléfono? ¿marqué hacia algún lado? pero si ella me ha respondido, incluso respondió con el idioma de esa tierra, quizá por costumbre, pero ¿qué es este silencio? ¿se cortaría la llamada? Su respiración me vuelve a conectar con la realidad, es su presencia la que me da certezas de la vida. Lo último que le he dicho es que soñé que la miraba y ella me besaba el cuello, apenas terminé la frase ha soltado un gemido breve pero profundo que me atraviesa la piel, el deseo.

    ¿Para qué decir más en este instante? Ninguna puede volar al país donde está la otra y vivificar el sueño. Lo sabemos y hacemos silencio, pero la imagino cerrando los ojos, elevando el brazo izquierdo hacia el techo, suspendida en un solemne momento. Puedo ver su cuerpo, cada pliegue de su ropa, su cabello oscuro, los labios suaves, agrietados por el frío… Abre los ojos y sorbe, yo soy una espectadora de sus movimientos.

    Ahora es de noche, ella duerme y soñará que la he imaginado al final del día, que le he llamado para contarle que soñé que la miraba y ella me besaba el cuello.

    Así de infinito es este hilo…

  • La esperante

    Soy la que espera

    a orillas

    de la esperanza

    Soy aquella

    desterritorializada

    a la nada enraizada

    Soy la que espera

    a que llegue

    un fantasma

  • Altar

    En esta época quisiera dar homenaje a los dolores de la reminiscencia, a nuestras historias que quedaron a la deriva del tiempo, quisiera recordar de manera acentuada lo que vivimos y dar vida, aunque sea en vuelo imaginario, a lo que no vivimos. Es un tiempo solemne, a veces de fiesta, para recordar nuestras muertes.

    Nos quiero poner un altar con fotografías de los días en Revolución, La Alameda o Bellas Artes. Traer un pedazo generoso de sábana del Hotel Congreso y colocarlo como el mantel, preparar chocolate caliente y ponerlo en un vaso del Jarocho o La Parroquia, picar papel con las figuras de nuestros pulmones, úteros y corazones. Las veladoras que nos muestren un camino, aunque sea el camino paralelo de nuestros destinos. También quiero llevar fruta fresca y frutos secos -el contrapeso vital-, algunos dulces, pero no de coco, cráneos de chocolate y la bandera con nuestros nombres.

    Quiero dar santa paz a las que no pudimos ser, honrando el intento, por más tenue que fuera.

    Pero en el fondo, y si te soy sincera, todo lo hago para seguirte trayendo al presente, asidero de mis días, manglar de estas aguas en las que soy ola, muelle y barca. Soy la que se mueve hacia tus tierras, la que te busca, la que te espera.

    El altar es (a) la espera definitiva.

  • Cuando callas

    ¿Cuánto silencio se necesita

    para ocupar el lugar

    del retiro necesario?

    Tú,

    la hacedora monumental del silencio

    creas esculturas de hielo

    que cincelas en mi pecho

    el pecho de la esperante

    Cuando callas

    camino por el infierno

    Yo,

    el lugar de la grieta más abierta

    de lo que tu boca calla

    creo en el tiempo

    que me regalará un féretro

    llamado recuerdo

    Y un día

    exhibirán mi espera

    en un museo

    como la estoica historia

    que nació muriendo

  • So(m)bras rotas

    Me detengo a recoger mi sombra, la presencia rota, el testimonio de la herida. Soy la que mira sin ojos ante el redoble de ejércitos de sol, cuando un llanto hace volver a la vida porque respira. Soy la que muere en pedazos, de amor, de alegría.

    Estoy de pie ante las ruinas del sueño

    abyecto

    es el deseo

    Estoy esperando encontrar las formas del silencio

    sospechante

    reverbero

    Estoy detenida recogiendo mi sobra

    pedazo

    de ausencia rota

  • A dos mililitros

    Yo que pensaba que sí

    pero no

    Nunca ponderé el orgasmo

    -por más múltiple que fuera-

    nunca lo puse por encima tuyo

    por encima nuestro

    Y estuve a dos mililitros

    de deshidratarme

    con otras manos

    con otra boca

    con otra cuerpa

    mientras tu lejanía

    era más pronunciada

    Pero no

    nunca hube de situar los placeres ajenos

    por encima tuyo

    por encima nuestro

    Y aún hoy me pregunto

    por qué tú siempre

    me pusiste

    al último

    todo el tiempo

  • Pensamientos sueltos sobre renuncias y su contrario

    Una cuerpa nacida en la herida, en el ciclo de dolencia, cicatrización y reapertura, esa es una cuerpa rota a la que le han coartado la existencia viva.

    Renuncio al aullido seco, al dolor de pecho, a la noche sin fondo.

    Renuncio a las fuerzas ajenas de historias paralelas.

    Renuncio al sitio vacío que el tiempo cuenta.

    Renuncio a enemistarme con la soledad.

    Renuncio al pasado tal como renuncio al futuro.

    Renuncio a las palabras deshonestas.

    Renuncio sobre todo a la obsesión y al exceso.

    Renuncio a la creencia ciega de que merezco vivir (en) la miseria.

    Renuncio al espejo dislocado.

    Renuncio a la maraña de ecos solemnes.

    Renuncio a habitar la espera, la vuelta de quien se ha ido.

    Y en la misma medida

    Acepto que estoy viva. Acepto la vida.

    Acepto testimonial de historias, la herida.

    Acepto el viento de la mañana.

    Acepto el vacío verdadero.

    Acepto mis huellas marcando camino.

    Acepto el aire alimento, fresco.

    Acepto mi sangre, corriendo.

    Acepto el fuego de mi espíritu, certero.

    Acepto el agua de mis ojos, sin miedo.

    Acepto la tierra en que he de convertirme, al momento.

    Recibo la vida, sin religión, dogma o rimas, sin estructuras precisas.