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Crecen en mí
los vientos
del cerezo
Crecen las amapolas
y el destierro
No tengo voluntad
para faltarte
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Tengo arrastrando desde hace un siglo la pena rocosa de una verdad insoportable, que me llena los oídos tanto como los sueños. Tengo arrastrando con mis pies un silencio que era presencia diaria, tengo arrastrando en las manos la necesidad de un ojo redentor que invente cualquier –o casi cualquier- frase medianamente unida y que cuente un relato, una metáfora o un saludo dominical.
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Y aún así, me veo, hoy, desde lejos de mí, escribiendo lo que puedo suponer de lo que vi, o creí ver, quién sabe. Especulo y especulo más. Reflexiono. Deseo. Deseo en lo más profundo de quien no creo (ni quiero) ser, que sea cierta la suposición de la alevosa deserción ajena. Y suspiro. Y callo. Y escribo.
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Descubro ilusiones en el oleaje del pasado,
ilusiones que (re)conozco como perdidas,
y ahora encontradas,
que creo descubrir porque las juzgué muertas.
Tengo en la boca el (mal) sabor a metal
que da el saberse caída,
sujeta a la otredad de un ínfimo bien.
Sé que me pasaré varias horas de esta noche
ansiando conocer la verdad,
trataré de convencerme de que lo mejor será olvidar,
pero más tarde,
sin haber olvidado nada,
resolveré por decirme que la verdad,
llegue a mí o no,
no me eximirá de la aurora,
con su bajeza, tan mía…
que ya tan bien conozco.
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La primera escena:
un
baile
lejano
La segunda escena:
Tú
suéter guinda
caminar apresurado
cruzando una puerta
siguiendo las pisadas de alguien más
Yo
tratando de alcanzarte
sin lograrlo.
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Quién ha encontrado todo
lo que la vida podía ofrecer
Si en el momento de la partida
los trenes descarrilan
los barcos anclados no desembocan
en nada
y las distancias ya no curan
Y es entonces que recorremos
los motivos para no quedarnos
sentadas en la piedra
de la impermanencia
Ahora es cuando
ahora es donde
no hay nada que perder
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Ya son las palabras que no se tocan
prueba de intrascendencia
Nos dejaron en luto
sin memoria exacta
sólo corpórea
Advenimiento
de la inmanencia
disuelta
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¿Se puede una retirar el hábito de enlutamiento?
Enlutada por lo que no vivimos
por lo que no construímos
por lo que no reímos
Todo lo que no es sino pasaje del deseo
vestigios del pasado
EL cementerio de recuerdos
Lo convertido en historias
que sólo caben ya en el altar
de
todos
los
días
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Acumulas silencios como desgraciada
durante tantos años
y desenpolvas los rincones del recuerdo
como esperando
Sales a caminar también
como esperando
Y vives
siempre esperando
Silencio
compañía rotunda,
ágil juez de la nada
Silencio
que están durmiendo
en el cementerio
nuestras miradas
Silencio
que sigo esperando
Y el tono no sabe llegar
y el vuelo sigue sin despegar
y sus ojos ya no hablan del mar
Es cosa de un segundo
pero sales del círculo
que trazaste sin más
en donde no se habla del dos
sino del uno sacramental
Estás sola en ese territorio deshabitado
ella se ha ido
Lo notas con el aire atrapado
en la garganta del tiempo
quedan insomnes
después lo sigues confirmando con el silencio
y más tarde con la imposibilidad
Ella eligió migrar
otra tierra enraizar
Tú
vuelve a mirar el cielo
que el viento te espera
para volar
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¿Y usted para qué escribe?
Si el hacerlo le lleva al suicidio
Y no hacerlo le conduce al cáncer
El destino sigue siendo la muerte
¿Y usted cómo quiere morir?
He ahí la pregunta
Que de lo profundo esconde
Su natural antítesis