Inicio

  • Apuntes sobre la herida (I)

    Es posible despertarse a media mañana con un dolor insoportable en lo que piensas es el riñón, levantarte trabajosamente, sentir el ardor quemante en las paredes de tu piel desde dentro, moverte como si el tiempo te retuviera en el segundo anterior y sentir los minutos caer sobre tu cuerpo. Con el día el dolor pesa más. Los dedos se pasean con indiferencia en tus ataduras, tortura sin piedad, agujas entran y salen del cementerio que es mi columna. Hay una línea espinosa atravesando mis recuerdos. Esto no es del miedo experimentado antenoche a causa de las irrupciones imaginarias del intruso. Esto no es de la ansiedad acentuada estas semanas por el rumbo de la vida misma (la de una, claro) ni tampoco tiene que ver con la década que llevo esperando, sentada con la columna rota, a ver el futuro malogrado. Es decir, estas noches lastimeras en las que te sometes al escrutinio del fracaso, del abandono, de las ventanillas de avión y los lenguajes diferentes, no son, no hablan del fundamento de la herida.

    Estoy hablando de una herida fundamental entonces.

    A saber…

  • La deshabitada

    Estoy deshabitada,

    llenando los juicios de las huellas

    que olvidaste en mi piel, y espero,

    retengo la lengua en el paladar,

    me descubro pasajera

    de tus formas de negar la realidad.

    Coqueteo con la esquina del cementerio

    que he de poblar

    al tiempo que camino por los huesos

    de mi propia búsqueda final.

  • Inmanencia o palabras sueltas

    no vives en mí

    y aún así me persigues

    en la memoria corporal

    rebosante ausencia

    Eres la implícita en todos mis versos

    muelle amurallando el mar

    -adentro-

    Pero no vives en mí

    No eres tú

    la que me toca

    la que sueño

    la que anhelo

    Es una polvareda

    pordiosando en mis deseos

    telaraña rota

    carente

    metamorfosis de un terreno

    desolado

    abandonado

    por tu migración

    Rebota el sonido

    de una campana

    eco

    de negación

    Retén la imagen

    de la helada invernal

    -la herida fundamental-

    tres días

    para recorrer

    el umbral

    de una muerte

    pretérita

    arraigada

    rota

    de vendaval

  • Recuerdos del Paraguay

    Aquella tu sonrisa

    Que me recuerda el Paraná

    Desconocida bruma de inmensidad

    Aquellas tus manos

    Que surcaron el viento

    Rompen el orden con semejante movimiento

    Aquellas tus piernas

    Que se parecen a  Itapytapunta

    Frutales que responden todas mis preguntas

    Aquella tu displicencia

    Que no distingue espejo

    Ojos al libro en mitad del festejo

    Aquella tu mirada

    Que me recuerda  Ypacaraí

    Ramas en el lago que antes fueron Alelí

    Aquella tu voz

    Que cicatriza heridas

    Unida a tu guitarra van colmando vidas

    Aquellos tus movimientos

    Que se parecen a Asunción

    Cálidos, eternos, como tu canción

  • Ríos tus piernas

    ¿Recuerdas esa primavera? 

    Hace diez años

    Tus ojos brillaban como revolución

    tu cabello era brisa en la mañana

    tu piel disipó el frío invernal

    y tus labios de nectarina resplandecían 

    Había un pálpito de jade en tus pechos

    gotas de rocío en el vientre tuyo

    El aroma de tus deseos

    transformado en agua de beber

    Ríos

    tus piernas floreciendo

    tus pies enraizando 

    Manantial contenido 

    sedienta locura de vulvas y bocas

    Un sonido de cuásar

    perdido en esa mirada veraniega

    Y yo 

    hoja de otoño,

    entregándome a la caída

    noctámbula de tí

  • Millet

    Has dado los pasos

    necesarios

    ciegos

    siguiendo pisadas ajenas

    en la única zona prohibida

    la desértica

    es decir

    el pasado 

    Debates tu vida

    en esa sola respuesta

    bifurcada

    irse 

    quedarse

    Irse a vivir

    o esperar a que ella vuelva

    y vivir 

    Te quedas a la amargura

    a la muerte de ese amor

    Te vas a la condena

    a la duda eterna

    Ella se despide 

    al final

    con cada acto silencioso

    con cada mirada lastimera

    con su vaivén sinsentido 

    Ella se ha ido 

    tú te quedaste a esperarla

    en un hogar vacío

  • Sísmica

    La grieta

    del lenguaje

    se abre

    en tus labios

    Pronuncias

    la palabra

    que acentúa

    los silencios

    Desliz

    de tu garganta

    tonal ajeno

    y profundo

    Mezcal ardiente

    Como la tierra

    que eres

    tectónica

    te mueves

  • Conjunciones

    Desde la uña más lastimada que tengo

    hasta las fronteras del tiempo

    Desde los campos universitarios

    hasta las múltiples despedidas

    El subte, la central poniente y el aeropuerto de la Ciudad de México

    Desde las escalinatas en donde me viste sentada

    hasta el concierto del Zócalo y Texcoco

    Desde un beso en catedral 

    hasta las fotos de tu nombre en la nieve

    Desde los silencios

    hasta las madrugadas de hacer el amor

    Desde los reencuentros en el Palacio

    hasta las arenas calientes de Tecolutla 

    Desde tu desnudez en mi cama, en mi casa

    hasta mis imaginaciones de conocer tu vida

    Desde los alebrijes

    hasta los bares

    En el recuerdo de la señora cangrejo

    de Eduvijes, de las hermanas Caldera, 

    en los parques de la Cineteca, 

    en el llanto de quien cruzó la calle sin ver

    para recibir la reprimenda

    En la libreta que te rayé en el aula

    sin entender sobre la realidad concreta

    o en las habitaciones -todas- 

    que nos dieron noches de gloria

    Desde una espera afuera del Instituto 

    hasta las ruedas de Parque Lira

    Desde el suelo del suburbano

    hasta el suelo del falso Norte 17

    En los sueños donde te espero

    y apareces

    esperando a otra

    En los sueños donde te miro

    y la lluvia me cubre

    mientras otros se ahogan

    En los sueños donde te busco

    sin tierra ni nombre

    sin saber dónde estarás

    Desde las letras

    hasta las palabras

    Desde aquella tímida escafandra

    hasta la pegatina de true love waits

    Desde Rosario Castellanos

    hasta Gloria Anzaldúa

    Desde hace diez años

    hasta ahora.

  • Alelí

    Desdoblas las notas musicales que no logro escuchar

    pero supongo

    hay un encuentro sonoro 

    táctil

    has de rozar las curvas 

    rasgueo 

    conjunto

    Tu voz abre un camino

    cuando llamas

    invocas un estado musical

    No quiero sentir algo lúgubre

    sino diáfano

    No quiero escribirte desde el romance

    la nostalgia

    o la futilidad

    Busco todo el día las palabras

    límpidas 

    someramente 

    llego a la pregunta 

    ¿qué siento? 

    Si no quiero escribir desde el romance

    la nostalgia

    el miedo 

    o el dolor

    ¿qué siento? 

    Busco tejer los hilos

    para no amarrarme a una idea

    de las dos

    pero quiero un pequeño puente

    un pacto de silencio

    que nos haga encontrarnos 

    en el pensamiento 

    y vernos cada temporada

    para no amarnos

    para no tocarnos

    para no besarnos

    tal como no lo deseo 

    sino vernos 

    escucharnos

    sabernos

    no quiero conocerte los labios

    ni el cuerpo

    ni siquiera el pensamiento

    es algo más

    no mejor

    sino más

    no peor

    sino más

    y no descifro 

    las palabras

    no me saben llegar

    cuánto más he de escribir sin sentido

    hasta que resuene un refugio 

    conceptual

    reconozco que el temblor en tu voz

    a la alza de la melodía

    reverberó

    iluminó mis ríos

    desde los pasos que doy

    hasta el manantial que fui 

    Eres 

    espacio ausente

    no sé 

    cómo encontrarte

  • No(,)te conozco

    Hay una sublime forma en el aire

    que retrata nuestro pasado 

    la senda del tiempo contempla

    todo lo que callamos

    De tanto por decir

    me quedo corta

    muda

    quieta

    Enésimas palabras revolotean mi espacio

    que ha de verse en un espejo primario

    el origen me dijeron 

    de todo lo que al final recordamos

    Ya no es a tí a quien escribo

    es a un minúsculo pensamiento que se expande

    hasta la frontera que cruzaste

    Y digo que no es a tí

    porque no te conozco

    ya no te conozco

    Vas y vienes

    y nunca eres la misma 

    y se encuentran nuestros labios

    engañando la memoria

    y sueño contigo

    con la casa

    y la mar

    con la niña

    y el ocaso 

    Hasta que te vas

    y te vas

    y te sigues yendo

    Es la lejanía de las palabras 

    es la lejanía de las certezas

    Y no te conozco 

    y no sé de quién me quedé ama(rra)da

    en qué puerto, puente o ciudad

    en qué piedra, arena o lodazal 

    y si no existes

    no te escribo

    pero a qué fantasma le escribo

    Soy mi propio fantasma

    hago la noche un tejido

    soy el susto de mi propio grito 

    La lágrima que corre

    no es para tus silencios

    sino para enlutar mis esperas

    El mausoleo es mi cuerpo

    que al óleo pintaste en un sueño

    con manos que crujían

    y huesos otros 

    Te miro en el espejo

    la no-presencia

    Soy el yugo de la abyección

    Soy santera en tierra sin dios