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  • Me mantengo en raya 

    Me mantengo en raya

    sin frontera

    la protesta es el deseo, tu cuerpa

    pero tú no llegas

    He estado pensando 

    encontrarte en sueños

    para callar al silencio

    Es una pérdida cada noche

    estés o no

    rige la nostalgia

    y la clave se llama recuerdo

    No tengo voluntad.

    Hicimos la amora

    con miradas

    con palabras

    con silencios

    y orgasmos

    Basta un pensamiento

    El presentimiento de tu llegada 

    Para brotar toda la mañana 

    Pero nada pasa 

    me mantengo en raya 

  • Es el limbo del encuentro 

    Necesito el sabor de las palabras

    que no llegan

    -que no hieran-

    Úrgeme saber que me deseas

    explícita

    con todas sus letras

    Me tatué 

    el misterio y la expectativa

    de aquel mensaje de cuerpa

    Y tú 

    tardas

    cuentagotas

    precisas nuevas huídas

    Es el limbo del encuentro 

  • Nostalgia de la esperante

    Soy la reminiscente perpetua

    la esperante

    la tierra en la Isla

    la Isla

    el barco en la mar

    la mar

    la gaviota en el viento

    el viento 

    estoy llena

    de tu bendita ausencia

    soy la que vive 

    a través de tu ausencia

    me he convertido

    irrevocablemente 

    y de tanto anhelarte

    en tu ausencia

    y me relaciono 

    con la que eres literaria

    con la ajena

    la dejante

  • Front-era

    Búscame en la frontera 

    ahí entre los huesos del tiempo

    baja por las dunas 

    y atraviesa los espejismos

    para llegar al oasis que soy

    Espérame en la frontera

    justo entre las dos tierras que somos

    brote de mercadela

    caléndula que resiste

    a esta sequía atemporal 

    Arrástrame a la frontera

    árame con tus piernas 

    riégame de caricias

    para florecer en el territorio

    que decidas habitar 

    Pero sobre todo

    y esto es de vital importancia,

    sé mi no-frontera

    y franquea estos miedos

    que te separan de mí 

  • Metafísica del recuerdo

    Madrugo con el tiempo dislocado

    me desorienta la reminiscencia

    el sabor de tus labios

    mayores, menores

    la tecitura de tus orgasmos

    sobre mi cuerpa

    esos, tus dedos metafísicos

  • Sepulto (de) palabras

    Madrugo con las palabras en la punta de los dedos

    aquellas que se relacionan con la que tú eres literaria 

    porque de tan lejos, en tu lado de la frontera, 

    no se sabe escuchar

    Son las palabras la hecatombe corporal

    revolotean y se presentan de manera frontal

    Hube de enlutarlas un tiempo 

    durante nuestro no atemporal 

    al pasar tus silencios

    retumbaron los ecos en mi sueño sepulcral

  • Trelew

    «Eres una vida muy hermosa». Estuve derramando ese pensamiento unos segundos mientras el avión despegaba, lo mismo que las gotas eran calladas en las colinas de mi rostro.

    Estábamos en el mismo sitio pero volvíamos a las distancias, a las letras, a espacios que suponemos y voces que conocemos pero que vuelven a hacerse en pensamiento.

    Esperamos para encontrarnos, duramos largos momentos así, haciendo nuestras vidas un cuento sin tiempo, un cuento inscrito en nuestro abecedario virtual, claro que al principio esas quimeras no eran sino apenas eso, pero al paso de los pasos construimos algo casi sin notarlo; del peldaño de las mañanas pasamos al de las tardes y las noches, incluso saltamos a las madrugadas, enteras madrugadas.

    Nos conocimos en nosotras, nos tocamos los dedos, paseamos lentamente por los cuerpos nuestros en mañanas de abril, mañanas abrileñas, y las demás del calendario que trajeron vendavales de más comas y acentos. Nos dimos algo que, me parece, nos gusta a las dos y al mismo tiempo nos esconde, nos rehúye, no sé por qué pero en nuestras vidas es así, nos dimos leer y sobre todo escribir, esto último lo disfrutamos casi tanto o quizá mucho más que un helado de mascarpone, y sabíamos secretamente que al mirarnos esas sonrisas parecidas, el lenguaje, de algún modo, quedaría inmóvil, quieto, que haría un silencio para dejarnos ser nosotras con nosotras, con cuerpas, con sonidos, con cercanías.

    Esperamos, lo hicimos y nos acercamos de kilómetros y de tanto más. Mirarte sintiendo un segundo antes que moriría, que estaba cayendo de la tierra y la búsqueda de equipajes me detenía en una burbuja sin segundos, sin respiros, esa espera corta que me protegió y luego tú.

    Tú.

    No sabrás jamás lo que es mirarte de lejos, las sensaciones que provocas cuando eso sucedió, tus rayas y tus colores, el reconocimiento nuestro, es decir, sabíamos que éramos nosotras aunque no supiéramos cómo ni por qué, y en realidad esto no tiene porqué saberse. Primeras tonadas temblorosas, estrecharnos, cómo nos estrechamos los sentidos, apuradas pero reales, más presentes que nunca, más aquí y en cualquier parte. 

    Un abrazo largo como olas pasando. 

    2013

  • Letz-Darika

    Ahora está en la garita, se llevó un libro, sus notas, la pluma y ese bolsito donde lleva sus tesoros. Ahí se esconde (¿o se libera?) cuando necesita volver…porque esa esquina desbordante hacia la mar hace que se sienta vulnerable al pasado, pero no en un sentido doloroso sino en un sentido de piel. Volver a sentir, sentir algo, lo que sea, pero sentir. Es un camino de vuelta al hogar, como quien es Penélope y espera a Penélope. 

    De las ruinas podemos pensar que no queda nada, pero los cimientos lo son todo y si hay cimientos significa que existe la posibilidad de edificación, de todos lados se puede recuperar un pedazo de puente y un pedazo de escalón y no serán lo mismo para lo que fueron hechos, pero sus piezas organizarán un futuro que se resiste a ser escombro, entierro y muerte. 

    “Soy Letz, la única que volvió a la garita por ahora”. Piensa mientras mira las paredes redondeadas y la luz de las pequeñas ventanas por donde entra el sonido de la mar. Ahora se gira y encuentra las iniciales que dejó Darika hace doce estaciones. No se han podido borrar, ni la D ni la L. Como con tantos recuerdos, Letz vuelve a ese día y trata de recorrerlo entero para vivirlo y curarse la última piel. 

    Caminaba por uno de esos pasillos laberínticos donde el parqué hacía todo muy difícil, porque las grietas que forman estructuras geométricas dan hastío y no permiten ni siquiera sentir una fisura real del alma, de los pies al caminar entre esas tierras lejanas. Sabía que en cualquier momento la noche podría ocupar su cuerpa y por eso volteaba constantemente para atrás, hacia el acecho que era su mente ya poseída. Dos o tres minutos de largo silencio bastaron para escuchar el goteo de su sangre adentro, el ritmo de los alimentos acomodándose en sus vísceras, un crujido en el cerebro porque no tenía claridad sobre las cartas de Darika. En el fondo, la posesión, el acecho, su piel final, nada de eso importaba, lo único que daba vueltas una y otra vez en espiral eran las letras de su amora. Cómo poder interpretar esas imágenes y unir las piezas que ella siempre le dejaba como pistas. Vivía en un puente de letras, un puente colgante que lo mismo daba a la montaña que al río. Descalabro o plenitud, era el riesgo de la interpretación, de todas las pistas. A veces acertaba y venían dos días gloriosos, a veces erraba y eso representaba un retroceso de años. Aunque con el tiempo logró comprender que no hay retroceso con Darika, todo se trata de vivir y en ese sentido la dirección es ambigua o más bien la única dirección es la muerte y lo único verdaderamente importante era vivirla, vivirse.  Así que después de los dos o tres minutos encontró el portal. 

    Como en los sueños recurrentes, salir del laberinto, entrar al laberinto. Tres puertas  y una escalera. Arriba de la escalera nuevamente tres puertas. En todas estaba Darika pero, como el gato en la caja, las posibilidades eran infinitas. Dak sublime, Dak entre serpientes, Dak del otro lado del cristal, Dak en una nube, Dak muda, Dak de espaldas, Dak desnuda. Al principio de los tiempos el juego le parecía cruel pero a través de las arenas esto se volvió adictivo y sin condición jugaba, se había vuelto su vida, su pan. 

    La perilla fue girada, todos los tiempos revueltos nuevamente, la garita futura, el laberinto pasado, cosechas, un lago congelado, niñas corriendo detrás de una conejita, el maíz, dos cuarzos, huesos, todo, absolutamente todo se revolvía en la espiral del tiempo, como si de un cuásar se tratara el tiempo y el espacio y toda la locura acumulada en Letz y Darika, inventoras atemporales del placer lésbico. 

  • Inagotable ella, leerla inagotable

    Leerla a ella, desde el principio, fue como posarse ante una pintura descomunal, cuyos colores te invaden tan deprisa que los confundes con las venas que te recorren, como ser tocada por cada reflejo de luz y acento que te dejan ciega sólo para mostrarte lo infinito. Leerla es quedarse llorando desde un lugar que acabas de conocer en ti, es quedarse quieta como el frío de nieve y norte. Helarse, eso. Leerla es helarse. Es no dejar de recorrer la pintura desde arriba, desde abajo, acaso desde el centro ¿y cuál es el centro? Es no saber quién es pintura, si el ajolote o yo. Seguir leyéndola, con cada palabra, cada espacio vacío, cada acento, cada negación de las otras millones de palabras para ser esas, cada signo, cada una de sus representaciones, y sin embargo seguir fría, tiesa. Leerla es terminar y no querer encontrar sino un camino de vuelta, y ella es vuelta a la escritura, a la pintura de nuevas letras, a un retorno jamás igual a sí mismo. Leerla es mi intertexto. No haber entrado por una puerta lineal es leerla, desentender el mundo es leerla. Punto final con garganta envuelta en revoloteos al óleo. No hallar punto final porque la palabra sigue, ausente, presente. Contradicción, ambivalencia, paradoja. Leerla es paradoja. Es paradoja leerla. Como si en lo escrito hiciera un mapa de mi cuerpo, en mi cuerpo, y la representación misma diera sentido y coherencia a mi vida, como si me posase frente a la pintura que es mi imagen posando frente a la propia pintura. Como si nada de eso fuera cierto y ella supiera ser un espacio oculto de mis propias muertes, letras, de esa prosa poética. 

     

  • Irreconciliable lo mismo que irreconocible

    Ella buscaba guarida

    Yo raíces

    La palabra que busco es irreconciliable.

    También es desencuentro.

    Como la carta que envié

    como la postal del sur que no llegará

    sino a una casa vacía

    o llena de gente otra

    No soy yo la que llega tarde

    es ella la que vive yéndose

    Y yo busco en cada lugar

    siguiendo huellas de sus palabras

    Pero se va

    se sigue yendo

    Y la promesa de futuro

    se cae ante la certeza

    del tiempo

    Se petrifica la esperante

    arraigada a tierra santa

    sin aquella mujer

    en lontananza

    Desgarrador descubrimiento

    la primera vez

    la segunda, la enésima

    escuchando las grietas en el pecho

    parándose en la cornisa sin vuelta posible

    Resaltar el egoísmo de suponer

    que la que espera

    esperará por siempre

    atada

    enraizada a los escombros

    La esperante reúne sus pedazos

    siempre bohemia y fantástica

    relacionada más con el silencio y la ausencia

    que con aquella a la que espera(ba).