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El sueño
buscador de historias
desenterrador de historias
de rostros
de alientos
y palabras desconocidas
para el eco del significado
El sueño
que se busca en un espejo onírico
esperando paciente en vigilia
atendiendo cada grano
cada información
sin hallar una sola rendija
de sentido
El sueño
que al soñarse desaparece
y se colma de un dolor
que se asemeja a los ojos
de nadie
que nada miran
El sueño
Apu
de la vida
que vela
lo inefable
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Ahora lo veo,
un muro
en el que nadie escribió
nuestro destino
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Piedra antigua
no te conozco
vestigio de mis sueños
no te conozco
huellas históricas
no te conozco
lugar de cañas
no te conozco
casa en iztatl
no te conozco
Ya no (,)
te conozco
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Olga Broumas
(Traducción autónoma de Itzeltal)
No bebamos té. El vino blanco
mueve a la mente con ligereza
por las laderas
del cuerpo fiel, ayuda
a cualquier memoria alguna vez tallada
en las riberas
gemelas del cromosoma, a emerger, tentativa
desde la arqueología de un pasado fragmentario.
Soy una mujer
que comprende
la necesidad de un impulso cuya meta u origen
aún duerme fuera de mí. Crío a la cabra
no sólo por razones pastorales. Trabajo
en plata las formas como lenguas
que redondean una garganta
una axila, el alto
muslo, cuyo sentido se aviva en mí
como un alfabeto curviforme
sin admitir
interpretación, parece
consistir en vocales que empiezan con O, la O-
mega, herradura, cueva del sonido.
Qué fragmentos diminutos
sobreviven, mutilados en nuestra lengua.
Soy una mujer comprometida
con una política
de transliteración, la metodología
de una mente
aturdida por los repentinos
cambios posibles de sentido, ante lo cual
como las amnésicas
en una celda en llamas, debemos
encontrar palabras
o arder.
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Supongan que hacemos una simple pregunta: ¿qué necesita saber una mujer para convertirse en un ser humano consciente de sí y con capacidad para definirse? ¿No necesita conocer su propia historia, su cuerpo de mujer usado tantas veces con fines políticos, conocer el genio cretivo de mujeres del pasado, la habilidad, las destrezas, las técnicas y las visiones que poseían las mujeres en otros tiempos y culturas y cómo se las ha sumido en el anonimato y se las ha censurado, interrumpido y devaluado?
Adrienne RichEn el entretejido que hacemos las mujeres, la práctica consciente de historizarnos es vital.
Hemos sido borradas sistemáticamente, la historia de nuestras ancestras ha sido soterrada, nuestras referentas nos han sido ocultadas. Vivimos en un sistema donde la historia es masculina; existen los padres de todo, los creadores de la cultura, los productores de la realidad, debemos citar a los autores porque no podemos -dicen- tener un pensamiento propio, entonces, nuestras voces son calladas, así nuestras historias. Esto es el gran ginocidio simbólico.
Necesitamos contar nuestra historia desde nosotras mismas, narrarnos, dejar de aceptar que el otro es el experto en nuestra vida, ese que nos ha visto, nombrado, patologizado, medicalizado, explotado, usado, desechado y reciclado.
Al hablar de mi historia, me escucho, al acompañarme con otra mujer, soy escuchada por ella, desde su cuerpa, con la que comparto experiencia común, otra mujer que también ha vivido las violencias patriarcales y puede comprender de manera corporal sus significados. Posibilitamos la sanación entre mujeres. Nos espejeamos, rompemos las conclusiones hegemónicas de que estamos solas y «locas» (exageradas).
En este movimiento de historiarnos, la cuerpa recuerda, revive y a partir de esta memoria viva posibilitamos el darnos cuenta. Puede ser un movimiento catártico, a veces brotan las tristezas, los llantos… Pero no podemos quedarnos ahí, precisamos dar flujo a ese movimiento, para que no se estanque, para que no se enquiste, se exceda y se desborde.
Y aquí se entreteje el hilo de la politización.
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Si es estimulante estar viva en un tiempo de despertar de la conciencia, puede también ser confuso, desorientador y doloroso.
Re-visión, el acto de mirar atrás, de mirar con ojos nuevos, de asimilar un viejo texto desde una nueva orientación crítica, esto es para las mujeres más que un capítulo de historia cultural; es un acto de supervivencia. Hasta que comprendamos las suposiciones en que hemos estado ahogadas no podremos conocernos a nosotras mismas. Y esta urgencia de autoconocimiento, para las mujeres, es más que una búsqueda de identidad…
Adrienne RichNo basta con narrarnos y hacerlo desde un lugar «anecdótico», pues en nuestros procesos de sanación precisamos dar cuenta de los porqués. «He vivido tal cosa» ahora necesitamos saber por qué vivimos eso, a qué procesos sociales, políticos, culturales, económicos responde lo vivido, cómo se relaciona mi vida, que pareciera tan personal e íntima, con un sistema, etc.
Necesitamos politizar para comprender cómo opera el sistema, de qué está hecha esta estructura, cuáles son sus elementos y sus efectos en nuestras vidas. Para una metáfora sencilla, se dice que es el lente con el que observamos el mundo, y el piso por el que andamos (piso político).
Lo personal es político
Podemos politizar, es decir, explicar nuestras experiencias, desde distintos lugares. Por ejemplo, podemos politizar desde la religión o la ciencia. Así, si tú viviste alguna violencia, si politizas desde la religión lo más probable es que tu entendimiento de esa violencia se asocie a las explicaciones de mundo que aprendiste en los espacios religiosos y desde dichos discursos; podrás decir por ejemplo que viviste esa violencia porque «el Señor sabe lo que hace y algún aprendizaje hay para mí»… Si politizas desde la ciencia, podrías explicar lo sucedido partiendo de conclusiones como que «los hombres tienen un impulso irrefrenable y por eso agreden» o que «las mujeres tienen el cerebro más pequeño, por eso no deberían estudiar y si van a estudiar se exponen a todo tipo de violencias».
¿Desde dónde politizar entonces?
La invitación es a hacerlo desde un enfoque centrado en las mujeres, es decir, desde las historias de mujeres, con referentas mujeres, en espacios no mixtos, no institucionales o partidistas (Margarita Pisano), con las nociones creadas por las mujeres. Esto es, desde el feminismo`.
Volviendo al ejemplo; ya me he historiado y me doy cuenta de que he vivido tal violencia, al politizar desde el feminismo no concluyo que es una experiencia aislada, extraña, que fue mi culpa o algo semejante, politizar desde el feminismo implicará desnaturalizar la opresión. En este caso, dar cuenta de la macro-cultura de dominación masculina, la apropiación de las mujeres, la explotación, el uso y el desecho de nuestras vidas, sabremos que es un sistema que se ha sostenido de estas violencias.
En este hilar nos encontramos con rabia
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Necesitamos recuperar, nutrir, cuidar y cultivar la alegría de vivir, la ternura, la paciencia, la autonomía, la radicalidad, la memoria, el amor entre mujeres. Y esto es posible cada día, con las tomas de consciencia, posicionamiento, decisión y acción. Hilvanando historia-política-sanación.
ITZELTALNo basta con historiarnos (nutrir nuestra consciencia histórica), politizarnos (nutrir nuestra consciencia social-sexual mujeres desde el feminismo)… También precisamos hacer de la sanación una constante en nuestras vidas. ¿Cómo? Mediante prácticas cotidianas e intencionadas.
La sanación es un gerundio.
Muchas veces pensamos que la sanación está lejos y en el futuro; que hay que hacer mil cosas previas, visitar lugares mágicos, matricularse en todos los cursos sobre abundancia, manifestación, respiración, etc. Sin embargo, la sanación es cotidiana y potencialmente se encuentra en cada momento de nuestro día… Siempre sostengo que podemos comenzar por lo básico: si tengo frío, me tapo; si tengo sed, bebo; si quiero ir al baño, voy.
Cada día podemos nutrir la base de nuestra vida: alimento, movimiento y descanso.
Aquí nos referimos a las prácticas sanadoras, conscientes e intencionadas.
Ya nos estamos historiando y politizando, y hay un gran movimiento en nosotras, a veces no sabemos qué hacer con ello, cómo aterrizarlo, hacia donde fluir, qué podemos hacer en lo cotidiano para transformar nuestras vidas… Muchas veces y en muchos procesos podemos quedarnos sólo en historiarnos (hacer catarsis) o sólo en politizar, y en esos casos nos podemos encontrar con quiebres, desarticulaciones, confrontaciones que parecen irresolubles, con nosotras mismas o con otras mujeres. Historiarnos puede sumirnos en algunas profundidades de tristezas, politizarnos puede desbordarnos las rabias sin que sepamos qué hacer con ellas.
Por ello se hace vital acompañarnos con prácticas sanadoras que se encuentran en lo cotidiano, en el volver a lo corporal, alimentar dicha consciencia y cultivar/nutrir haceres concretos e intencionados cada día. No es un hacer por hacer, es un hacer con sentido histórico, es un hacer politizado, con intencionalidad.
Y nos vamos dando cuenta de que todo está entrelazado, por eso es un tejido; cuando me estoy narrando y acompañándome desde un lugar feminista, estoy haciendo algo politizado, y al mismo tiempo es una práctica sanadora. No hay jerarquías, pasos o metas inalcanzables, es sólo dar cuenta de la consciencia de lo cotidiano, del volver a nuestras cuerpas, de tomar posicionamientos y decisiones que sigan nutriendo nuestras acciones para continuar sanando.
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La mirada que no es
la presencia ausente
la fecha a medio borrar
un nombre en policarbonato
la canción
tinturas medulares
tres recuerdos puntuales
el poema que no termina
la goterita en la República de Cuba
sonoridades de explanada
unas rosas hermanadas
las dos cuerpas de las congresistas
una noche color lila
la promesa
la espera
los puntos suspensivos
acaso suspendidos
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Cuánto demora en mirar mi revelación
y cuánto demora en hacerme palabra
y luego cuánto demora en volver a verme
y finalmente cuánto demora
en
decirme
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Cuánto tarda
en revelarse
y cuánto tarda
en hacerse palabra
y luego cuánto tarda
en volver a ser vista
y finalmente cuánto tarda
en poder
ser
dicha.