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  • Dãna

    Se sufre ante la ignorancia de vivir

    Respirar ante la inmensidad

    de la no-pérdida

    Busco la verdad

    Inasible

    La veo, la entiendo

    pero no la incorporo

    -Conozco el concepto de caminar, sin que el hecho cognoscente me haga peregrina

    Pido compasión, lucidez y bálsamo

    Ofrezco limosna: presencia, ternura, palabra, amabilidad, sonrisa, mirada, morada

    Y sin embargo, la ofrenda ha de ser desinteresada

    Sólo impermanencia

    Sólo vacuidad

    Sólo vacío

  • Desprendimiento liminal

    Algo creció por demasiado tiempo

    En el tiempo

    Una ausencia en el umbral de las tres décadas

    Un mismo lugar

    – El del misterio

    No hay coincidencias en el flujo

    Todo ha pasado como debía pasar

    – Los tiempos, las caídas, el lamento y la queja, la sobriedad, la desesperación y el llanto, las historias, la ilusión de un mañana, la promesa colmada de memoria, la resignación con cafuné y el entendimiento, la presunción y las manos torpes, el desenlace.

    Dos habrían de llegar al primer desprendimiento
    Dos habrían de llegar al recibimiento del segundo

    Nadie imaginó la espiral, aquella continuidad de una reunión iniciada hace treinta años

    – Mismo sitio, misma gente, mismo motivo, distinto cuerpo

    Sobrevino el silencio, lo interrumpió la risa, se asomaron arrepentimientos y culpas, dolor, cariño… Presencias desconocidas, relaciones públicas, hipocresías. Entre murmullos emergió el recuerdo de la curandera que recibía al indio, la llegada de la médium, las hermanas en conflicto y la última de las despedidas.

    Todo es distinto, nada ha cambiado.

    Es un espacio liminal, como el del primer pasillo, la antesala, y del segundo, el preludio.

    Es un espacio liminal, como el de la primera ausencia, y el de la segunda, hacia el vacío.

    Es un espacio liminal, como la vida.

    Estoy lista, dije.
    Y las luces carmesí titilaron, transformando el dolor en asidero, el miedo en amor, la guerra en paz.

    Cuatro llantos, cuatro lamentos, cuatro presencias de-so-la-do-ras que abren paso a un nuevo viejo silencio de cenizas. Un último viaje por el sendero poniente. Concreta intuición de O.

    Nueve veces veinticuatro para crear sesenta y siete soles y nacer inexorablemente hacia semejante llamarada malva. El Mayor de los regalos.

    Que se rompan las cadenas de odio, rencor, envidia y tiranías; que el desprendimiento florezca en tranquilidades y alegrías.

    Inviernos, hogares, caminatas, alimento, ipomea violácea al interior, un pájaro carpintero, los mensajes.

    De Saudade a Saudações.

    Hecho está, hecho ha quedado.

    Gracias.

  • Mujer sin sombra
    Antes sentías y pensabas
    Y reías y llorabas
    Tus ojos iban más allá de la superficie
    Donde la sombra no temía rondarlo todo
    Y jugabas, cómo jugabas
    Usando palabras desconocidas
    Diáfanas
    Cercanas a la finitud del lenguaje
    Y su frontera con el implume infinito

    Y en el hueco de esa presenciausencia
    El aire pesado de la ciudad
    Cercó tu sentido
    Doméstico tu salvajismo
    Institucionalizó tu poesía
    Burocratizó tus sueños
    Alienó tu ser

    Y ese arrastrón acabó con todo
    El eco desapareció
    Y los sonidos que emergieron de ti en la noche triste
    Sonaban a otra cosa

    Y la ropa pulcra
    Y la t con la h
    Y la mirada rota, otra
    Y las dosis de cordura
    Y la perpetua cadena materna
    Y la banalidad del silencio
    Y la vacuidad de las palabras
    Y la insipidez de los labios
    Y el horror de encontrarse
    con una mujer sin sombra
  • Héloïse

    Ella es

    (la representación de)

    todo el poema

    LA Poesía

  • 8~8 – Una forma de «romperlo todo»

    Es autónoma la semilla

    se crea y re-crea

    nace y re-nace

    su vasta memoria milenaria

    hace que no quepa en sí misma

    por eso busca crecer

    y crece.

    Las raíces están ahí, aunque no se vean

    la plántula se presiente, lo mismo que el fruto y la flor

    sí,

    en el aire respiramos

    el aroma de la posbilidad

    porque tenemos pasado

    y presente

    y futuro

    somos atemporales.

    Ningún hombre

    ninguna Institución

    puede impedir el brote

    el llamado profundo

    la búsqueda

    el camino

    la floresta.

    Crecemos a pesar de todo

    a pesar de todos

    aunque no se quiera

    aunque sea incómodo para su Sistema

    aunque amenacen con pisarnos

    y nos pisen.

    Al final

    al inicio

    a la hora del siempre

    florecemos contra todo pronóstico

    elegimos vivir

    y vivimos.

  • La carta

    Era un camino

    y la dirección la llevaba alguien más

    Mientras tanto ella

    carta en mano

    decía «falta poco»

    y con alegatos señalaba que

    «en la carta está todo, en la carta está todo»

    con la esperanza de que fuera el pase de salida-entrada

    de su acompañante

    Pero no

    la carta, por más sublime que fuera

    no era suficiente para traspasar los muros

    y la ruta seguía siendo el retorno

    Dos sujetos tomaron del brazo a su acompañante

    quien, tirada en el piso

    lloraba des-con-so-la-da-men-te

    entendiendo que ese era el punto final

    de un final que se había prolongado demasiado tiempo.

    La arrastraron hacia afuera

    mientras ella seguia repitiendo

    que todo era un sinsentido

    Ya su amante no figuraba

    más que en la memoria frágil

    que dejó el segundo

    anterior.

    Lo último que quedó fue el eco

    de las preguntas resignadas

    ¿qué parte de mí se despide de ella?

    ¿qué parte de mí suelta la posibilidad?

    ¿qué parte se entrega al duelo definitivo?

    ¿cuál era esa parte que se aferró largamente a la nada?

  • Estar en paz

    Una voz susurra entre árboles

    quizá sea un ave

    o un sauce

    o el durazno

    o siete luciérnagas,

    pero en el claroscuro de la noche

    – que atestigua

    se escucha una vibración

    que evoca plenitud.

    El camino de las hormigas sigue,

    los murciélagos no vienen en primavera

    – sí, ya es primavera, otra vez,

    y el titilar de estrellas es el recordatorio definitivo

    de que nada-todo cambia.

    Debajo del cemento se escucha un crujir

    antes de que emerja disruptiva la interrogante

    con un tono burlón

    de quien sabe que nos volvemos a ver

    en sendas circunstancias.

    Alejandra

    Como si nada hubiera pasado,

    lo cual es cierto.

  • Pesadilla de la tierra

    Es una noche de luciérnagas
    Las estrellas vuelan
    El cielo se hace rojo y violeta
    Nos despierta el aroma a chimenea
    Todo es distinto
    Pero nada ha cambiado
    Las bestias rugen en las sombras
    Hay crujidos de ramas por doquier
    Las parturientas emergen de cada corteza
    Y la tierra no oculta
    Su dejo de melancolía
    Imaginando
    Lo que pudo ser
    Este infinito ardor

  • Las brillas

    Pequeñas brillas oscuras recorren un salón lleno de silencio, saltan sobre su cojera y tiñen la niebla con ruido. Tienen un brazo en la cabeza y la nariz en el pie, toman unos maletines delgados que guardan secretos, ahí salen en la noche de las luciérnagas a cantar sonetos, y nadie las mira porque dicen que si te cruzas con sus ojos de púa, conocerán lo más profundo de tus constelaciones. Sí, si te miran directo a la retina absorben todo, hasta lo que no sabes de ti, y entonces lo guardan en la delgadez del maletín y saltan sin patas a contarlo cantando. 

    Una vez vi a una señora que paseaba con un perro, se ve que recién llegaba de visita, porque a esas horas todas nos escondemos en la maleza, en un hongo, en las paredes húmedas de las casas, y ella ahí haciendo la calle, con sus zapatos marrones caminando y mirando, como quien no sabe que va a morir.

    Escuchó entre el andar de sí, un sonido como de teflón, uno que naturalmente no era suyo y en suerte de reflejo su cabeza fue a dar a la alcantarilla de la calle 16. Ahí estaba una brilla, era la séptima, que había llegado a ser la sabia de la colonia. Como esta señora marrón no sabía nada del lugar, no hizo por evitar los ojos-púa y la gente dice que se oyó un grito ahogado, un golpe, el andar apresurado de patitas de perro y finalmente el silencio.

    Todos sabían lo que pasaba en esos lugares pero nadie decía nada: las luces se apagaban, las niñas eran mandadas a la cama con apuro, las cortinas se cerraban y todas, dentro de sus paredes cristalinas, jugaban a la fogata, a la tacita de té y a las fugitivas de horrores.

    En realidad todas vivían cómplices porque en el fondo sabían que el pueblo se alimentaba de los secretos que las brillas contenían y cantaban. Por ejemplo, el molino de maíz solamente funcionaba con trescientos treinta y cuatro cantos de brillas, la escuela normal superior contaba con una clase especial (y secreta) para las brillas más viejas, los juegos del parque mantenían su hermosura gracias a los secretos milenarios que pasaron en cada generación de la brilla 11. Y así sigue la lista. Todo el lugar se alimenta de secretos. Y sin secretos, no habría lugar.

    Por eso nadie hizo o dijo nada después de saber lo que le sucedió a aquella visitante marrón. Su familia no volvió a ser la misma -dicen- pues recién llegadas, ya eran de nueva cuenta unas exiliadas.

    Yo lo vi todo. Por eso me atrevo a decirlo así, de esta manera escondida y casi metafórica. Sí, estaba en la 16 metida debajo de una roca, pues la hora brillante me agarró sin aviso, entonces escuché un «tac tac tac» de zapatos y un «tic tic tic» de patitas, puse los ojos vigilantes y vaticiné el porvenir. Cuando la mujer metía la cabeza en la alcantarilla, una luz parpadeante empezó a salir de ahí, su intermitencia dejaba mirar algunas imágenes poco nítidas, pero luego se hizo fija. Ahí, en ese pequeño cuásar, se dejó observar un cordón grueso colmado de lágrimas, una balanza con un trozo de algodón de un lado y una uva del otro, las cosas eran confusas -como podrán no-distinguir- pero como es sabido, entre los secretos que se guardan también hay deseos, cosas sin sentido aparente, rostros sin nombre o nombres sin rostro.  

    Así fue pasando todo, como en una película de recuerdos y secretos, hasta que llegamos a una niña sentada al costado de un lago, ella mordía con frialdad una manzana verde y al rato tarareaba una música, medio masticando, medio musicalizando; sacaba su libro de historias (que por supuesto ella escribía) y repasaba su historia definitiva.

    La historia de la página 7 a la 16 era su favorita, solía repasarla en ese lugar donde la escribió y la leía cada viernes, ahí mismo, a veces le hacía algunas modificaciones que creía pertinentes, a veces puntos, a veces toda la historia y a veces, unas poquísimas veces, la historia le parecía acabada.

    Esta historia que la niña leía a lado del lago, y que salía de la luz de la alcantarilla en una franja primero intermitente y luego fija, era sobre una señora de zapatos marrones que llegaba a un pueblo de brillas.

  • Construyendo una terapia narrativa feminista

    Margarita Pisano

    Un día me dice “ahora te toca a ti”, yo no había hablado nunca en público… Así, en medio de sus charlas, la Julieta me hacía la trampa de darme la palabra en público, y yo con las palabras en ese tiempo balbuceaba todavía, pero con toda esa exigencia que ella me hacía, me fui superando. Siempre decía que cada una de nosotras tenía que tener su propio discurso, es decir, poder explicar qué pensaba sobre toda esta historia de mujeres y qué era para cada una el feminismo.


    En los espacios de sanación, constantemente estamos narrando…no necesariamente desde la expresión escrita, pues expresamos con toda la cuerpa. A veces nos narramos desde el habla, a veces desde el silencio, nos narramos dibujando, cantando, bailando, hasta soñando.

    Pero ¿desde dónde nos narramos, desde dónde significamos nuestras narrativas? ¿por qué recordamos y narramos unas historias y otras quedan por fuera? ¿cuáles discursos son más presentes a la hora de explicarnos nuestras vidas? ¿cuáles han quedado subyugados?

    Muchas veces he tenido miedo de hablar, de expresar algo, incluso he tenido miedo de errar. Si pasa algo fortuito, como tropezarme en la calle, me he dicho «¡pero qué tonta soy!», alguna vez se me rompió un plato que cayó de mis manos y me sentí devastada, creyendo que nada me salía bien. En lo cotidiano acontecen muchas cosas, y el significado que les damos es importante. Lo mismo ocurre con las «grandes tramas» de nuestras vidas; a veces podemos decirnos a nosotras mismas que «siempre he sido una depresiva» o «así nací, obsesiva», también podemos sentirnos condenadas o hasta resignadas a vivir vidas miserables creyendo que «así es, es normal, no pasa nada».

    ¿Qué tanto de lo que nos decimos a nosotras proviene de narrativas hegemónicas, narrativas dominantes? ¿qué tanto de los discursos patriarcales se va haciendo carne en nosotras? ¿cómo hemos naturalizado las opresiones? ¿de qué formas la cuerpa expresa su inconformidad con las violencias, y protesta?

    Podemos recuperar / reacuerpar y crear tramas sanadoras para vivir-nos. La invitación es a hacerlo con una base política feminista.

    • Hablarnos y escucharnos: recuperar nuestras voces
    • Situarnos: nutrir una conciencia de clase social-sexual mujeres
    • Politizar nuestra existencia
    • Hacer una crítica al sistema dominante 
    • Narrarnos desde nosotras
    • Recuperar nuestras memorias y nutrir tramas sanadoras para vivir
    • Generalidades de la terapia narrativa
    • Mapas narrativos 
    • Contención y acompañamiento
    • Feminismos
    • Propuestas y proyectos
    • En línea
    • Puedes tomarlo desde cualquier lugar del mundo
    • 12 semanas
    • Toda mujer interesada en los temas
    • Mujeres que acompañan a niñas y mujeres en diversos contextos
    • Mujeres que quieran revisar sus propios procesos y re-narrar sus vidas
    • No es necesario contar con conocimientos previos en los temas
    • No es exclusivo para psicólogas
    • Cubrir el costo del curso
    • Contar con equipo para conectarse a la plataforma y a las sesiones en vivo
    • Al finalizar el curso obtienes una constancia con valor curricular
    • La constancia es por 48 horas de trabajo
    • Para obtenerla es necesario cumplir con al menos 90% de asistencia a las sesiones, 90% de las actividades y el trabajo final.
    • Escríbeme más abajo dejándome tus datos
    • Puedes contactarme también mediante el correo: contacta@itzeltal.com

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